COMPARTO ENTREVISTA “MALTRATO ANIMAL DELITO PENAL” TVEGAS

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Un reclamo social respecto al maltrato animal recorre distintos países de América Latina. Esta demanda ciudadana se refiere no sólo a la violencia contra los animales domésticos sino contra todo tipo de animales silvestres y exige que las sanciones sean más fuertes, incluso con la pena privativa de la libertad, si el maltrato o muerte es contra especies endémicas, amenazadas, en peligro de extinción o migratorias. En México, este reclamo también existe y plantea que el maltrato animal debe ser considerado un delito penal a nivel federal. Casi todas las entidades de nuestro país cuentan con una ley de protección a los animales, pero la mayoría no están actualizadas o no son cumplidas a cabalidad, además los vacíos jurídicos impiden garantizar su bienestar. Hasta el momento no se conoce públicamente un caso de encarcelamiento por maltrato animal y todo queda en sanciones administrativas o ridículas multas, por lo que resulta urgente una ley federal que penalice a los agresores. A los animales se les debe reconocer -como derecho subjetivo individual- el derecho a la vida. Es necesario prohibir las torturas, los experimentos “científicos” o su asesinato con motivaciones “deportivas” o “artísticas”. Las sanciones legales contra el maltrato injustificado deben abarcar todos los actos de violencia que causan al animal dolor o sufrimiento, encuadrando en el precepto tanto la comisión por acción como por omisión. Es un delito de resultado material frente a la vida o salud del animal. Su protección primero fue de tipo religioso y después filosófico. Ha llegado el momento de generar una protección jurídica efectiva.

Es necesaria una Ley Federal de Protección Animal para erradicar uno de los mayores lastres de la actualidad, inaceptable en una sociedad moderna y democrática: el maltrato animal. Pese a que existen prohibiciones sobre la violencia contra determinadas especies queda un largo camino por recorrer. Para cambiar esta situación debemos modificar aquellos usos y costumbres que consideran el maltrato hacia los animales como una tradición humana. Con el objetivo de que sus derechos sean reconocidos, es necesario el convencimiento ético de las personas. Una opinión moral no es por sí misma superior a otra opinión moral, pero desde el punto de vista sociológico, una opinión moral puede prevalecer, respecto a las convicciones de cada individuo, cuando ese punto de vista es compartido por la colectividad. La percepción social de las cuestiones éticas es el fundamento para el reconocimiento de los derechos. Alrededor del mundo actualmente existen millones de seres humanos que son esclavos de hecho y como tales son tratados, pero la idea del esclavismo es culturalmente inaceptable. Para conseguir este resultado fueron necesarios cientos de años y para abolirla definitivamente se requerirán muchos más. Sin embargo, sobre el plano cultural debemos registrar la rapidez con que el proceso democrático ha promovido la extensión de los derechos fundamentales, a categorías cada vez más amplias de sujetos. Este proceso conducirá inevitablemente al reconocimiento de los derechos fundamentales para los animales no humanos.

En la cultura tradicional los animales no son objeto de consideración moral porque ellos no son personas y pertenecen al conjunto de objetos que se encuentran en la naturaleza. Se afirma que sobre los animales solo recaen consideraciones morales cuando los comportamientos hacia ellos representan un indicador sobre el carácter moral de la sociedad. La ética de la naturaleza entra en juego cuando la intervención humana amenaza la vida en general. Hablar de derechos de la naturaleza también quiere decir proteger la vida y el bienestar de los animales. Los bienes naturales son bienes públicos y amenazarlos o garantizarlos depende de acciones colectivas, por lo que el reclamo ciudadano postula una regulación jurídica que satisfaga los principios de justicia y protección. Los derechos de los animales tienen dos premisas: tratar igual a los iguales de acuerdo con su igualdad, y no dañar a ninguno de los animales que, como ha confirmado la etología científica desde Charles Darwin, son capaces de sentir dolor, angustia y sufrimiento. La batalla por el reconocimiento de sus derechos es una batalla auténticamente revolucionaria y para nada prematura, porque enfrentar la cuestión de los derechos de los animales no humanos significa tratar el problema crucial de los derechos para todos. Los derechos de los animales ocupan un espacio en el debate sobre los denominados nuevos derechos y sujetos de la democracia. Aquello que debemos admitir, la verdad que debemos remarcar, es que, justamente como los negros no existen en función de los blancos o las mujeres en función de los hombres; de esta manera, los animales no existen en función de los humanos. Ellos no forman parte de los generosos recursos que nos otorgó una divinidad benévola o una naturaleza infinitamente previsora. Ellos tienen una existencia y un valor propio. Una moral que no incorpore esta verdad se encuentra vacía de significado. Un sistema jurídico que la excluya está ciego.

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RACISMO COMO LEY DEL ESTADO

Mientras se realizan conversaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina para lograr un acuerdo que haga posible la paz en Medio Oriente, el gobierno de Benjamín Netanyahu ha propuesto una legislación que establece un modelo de racismo institucional orientado a la integración de un Estado étnica y religiosamente puro. La denominada “Ley del Estado Judío” promueve este sistema contraviniendo el carácter democrático del país. Postula la igualdad individual para todos los ciudadanos, pero reserva el derecho nacional y los derechos colectivos sólo para el pueblo de Israel.

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(IN) JUSTICIA AMBIENTAL

El medio ambiente vive una situación de emergencia. Campea la ilegalidad, la impunidad, los atentados ecológicos, la creciente privatización de los recursos naturales e incluso la existencia de “ecomafias” internacionales como demuestra el interés del crimen organizado por el saqueo de recursos naturales en Michoacán y otros estados del pacífico. Las irreversibles agresiones ambientales de Minera México en Sonora, del mega proyecto comercial Dragon Mart en Cancún, los constantes derrames de gasolina y petróleo a lo largo y ancho del país, la tala ilegal de bosques, así como las construcciones depredadoras sobre extensas áreas verdes en las ciudades son noticia cotidiana. Frecuentemente son las mismas autoridades ambientales las que facilitan los ecocidios, como en el caso de Cabo Pulmo en Baja California.

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CON NORBERTO BOBBIO, FILÓSOFO DE LA POLÍTICA Y EL DERECHO

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El 9 de enero de 2004, Norberto Bobbio, a la edad de 94 años falleció dejando un rico legado intelectual y político. Una vida entera dedicada lucidamente a los estudios. Autor de cerca de dos mil escritos entre libros, ensayos, prefacios, reseñas, entrevistas y artículos varios, los intereses académicos del profesor de la Universidad de Turín, abarcaron distintos campos del saber: desde la filosofía del derecho a la filosofía política, desde los estudios culturales a la teoría de los derechos humanos, desde las investigaciones sobre la paz y la guerra hasta sus propuestas sobre el socialismo liberal, desde la sociología a la ciencia política. Maestro severo, implacable y riguroso, pero al mismo tiempo, afable y paciente, siempre mostró una gran pasión por la docencia y la investigación. En 1979 fue designado profesor emérito de la Universidad, en 1984 el Presidente de la República lo nombró uno de los cinco senadores vitalicios que prevé la Constitución Italiana por haber “enaltecido a la Patria por sus altísimos méritos en el campo social, científico, artístico y literario”. En 1994 su libro Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, cuyos contenidos son de gran actualidad, generó un importante debate alrededor del mundo, lo que provocó que en pocos meses se editaran cerca de quinientas mil copias. Esta obra ha sido traducida a veinte idiomas. Además, distintas universidades le otorgaron doctorados honoris causa, entre las que destacan la de Nanterre en París, la Complutense de Madrid, la Universidad de Bolonia y la de Buenos Aires. En 1994 recibió el Premio Balzan en la categoría “Derecho y Ciencia de la Política” por sus escritos sobre el gobierno de los sistemas democráticos.

Existe un “modelo bobbiano de la política” que se caracteriza por una serie de temáticas que son constantes en la historia de las instituciones y de las doctrinas políticas. Esta perspectiva aborda los problemas, contradicciones y tensiones que afectan a la democracia desde sus orígenes más remotos. Las reflexiones del politólogo turinés, representan un punto de referencia obligado para entender la naturaleza de la democracia, en cuanto forma de gobierno y en cuanto sistema de valores. A través del ejercicio de la razón crítica identifica el impulso que los valores políticos dan a la democracia en su función de sistema institucional que produce decisiones vinculantes para el conjunto de la sociedad. En este sentido, los valores son considerados como un complemento imprescindible de las reglas del juego que identifican a la democracia. Otras problemáticas que plantea el análisis politológico de Bobbio parten de la desconfianza hacia cualquier ideología que divida al universo político en partes que se excluyen mutuamente, refrendando una defensa del gobierno de las leyes sobre el gobierno de los individuos, un elogio de la educación civil y de la moderación, y finalmente, una exaltación de una cultura política laica contra los dogmatismos de todo tipo. Para Norberto Bobbio la democracia representa un sistema ético y político. Es decir, un sistema que encarna un conjunto de valores, principios y normas de convivencia social sin los cuales la confrontación política de carácter pacífico sería imposible. Estos ideales democráticos se refieren a la no-violencia, el libre debate de posiciones contrastantes, la justicia y la igualdad política, la transparencia y, desde luego, el principio de la tolerancia.

Otro elemento importante del análisis que Norberto Bobbio realiza sobre la acción política, es la función que desempeña el “mediador” y el “crítico del poder” quien establece una relación de autonomía frente a cualquier tipo de poder, ya sea económico, político, ideológico o social. En este sentido, el vínculo con el poder debe ser asumido con absoluta independencia, que no indiferencia, por parte de cada persona. Por independencia, Bobbio no entiende el escepticismo puro, sino más bien, “la adhesión intima a un sistema de principios y valores que son aceptados a través de la persuasión y no por la imposición externa”. El criterio de independencia debe ser entendido no como una prohibición al ciudadano para adherir a alguna ideología política, sino como el deber de expresar en cada adhesión, no razones de comodidad, sino más bien, convicciones fundadas en un marcado compromiso civil. El filósofo italiano tiene razón cuando evidencia las enormes dificultades que la democracia enfrenta para encontrar una solución satisfactoria, a la tensión que existe entre la vocación de los individuos por la libertad y la absoluta necesidad que tienen de instaurar una sociedad con un poder eficaz y eficiente, y por lo mismo, legítimo. Norberto Bobbio fue un promotor incansable de la duda sistemática y del pensamiento crítico. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo siempre lo recordaremos por su grandeza intelectual, por su sencillez y modestia, por su magisterio moral, así como por su disposición permanente al diálogo.

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