LOS INTELECTUALES Y EL PODER

La transición política de México convoca a sus intelectuales. Es una obligación del pensamiento libre contribuir al desarrollo y perfeccionamiento de la democracia. Frente a la crisis moral que afecta a nuestra clase política, la cultura tiene tareas a las que no puede renunciar. En primer lugar, tratar de definir los caminos para encontrar soluciones pacíficas a las controversias que plantea nuestra convivencia, que hagan posible el “uso público de la razón” y la tolerancia; en segundo lugar, ejercer el espíritu crítico como una actitud razonada, laica e ilustrada frente a una realidad compleja que reclama soluciones innovadoras e incluyentes, y finalmente, definir los senderos para mantener la vigencia de las libertades civiles y políticas de todos los ciudadanos. El intelectual, como intérprete de los tiempos, debe siempre ejercer la crítica y el diálogo. Su misión es sembrar dudas y no la de recoger certezas.

Se observa en nuestro país una pérdida de rumbo, un desconcierto generalizado y una ausencia de sentido. La carencia de ideas, la crisis del pensamiento y el declive de las interpretaciones definen al momento actual. Para intentar abrir camino, es necesario instrumentar una “política de la cultura” que no es la política de los políticos sino la política de los intelectuales.

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