PARTIDOS, DERECHOS POLÍTICOS Y CIUDADANÍA

Cdmx (4)

Las elecciones presidenciales del 2018 han empezado ya, en un contexto caracterizado por partidos políticos tradicionales que padecen de una amplia desconfianza ciudadana, impopularidad y desprestigio. Agobiados por temáticas tan relevantes como sus niveles de democracia interna, la errática selección de candidatos, las fuentes ilegales de financiamiento, la protección de los derechos de sus afiliados, entre otros, los partidos que produjo la primera fase de la transición política mexicana, se encuentran en crisis.

El déficit de credibilidad política de nuestro tiempo se caracteriza por el declive de los partidos tradicionales como elemento central del sistema en su conjunto. Teóricamente, los partidos políticos son una proyección representativa de la sociedad civil. Son organizaciones cuya función es agrupar demandas ciudadanas para convertirlas, a través de la función legislativa, en políticas públicas. El modo como los partidos se renuevan estructural y programáticamente, también es un indicador de la salud de una democracia. Significa estar en sintonía con las transformaciones sociales y culturales del momento, y con los reclamos de participación ciudadana cada vez más presentes y consistentes.

El régimen de partidos es determinante en el tipo de sistema electoral y de gobierno vigente. Representa la sustancia del sistema político, de su estructura y dinámica, influyendo en los recursos del gobierno en términos de poder, consenso y legitimidad, así como en las capacidades institucionales para responder a las expectativas y demandas de la economía y la sociedad. Nuestro país sufre de una disfunción de la representación política como ilustra el último informe de la Corporación Latinobarómetro, que a través de un trabajo de campo técnico en 18 países de la región, establece para México una satisfacción con la democracia durante el periodo 1995-2015 de solo el 19%. Esto demuestra que se ha impuesto a la sociedad un modelo de competencia política diseñado para restar influencia a los ciudadanos.

No obstante, las reformas legales que elevaron a rango constitucional los tratados internacionales en materia de derechos humanos, firmados y ratificados por nuestro país, han generado una nueva dimensión jurídica que permea el proceso democrático en curso, estableciendo que la calidad del sistema político se mide en función del respeto de los derechos humanos. De esta manera, los derechos políticos como derechos humanos experimentan un proceso de expansión, ampliando su alcance hacia grupos excluidos de su goce, por ser débiles o minoritarios en la esfera pública. Los derechos políticos encuentran su concreción plena cuando se vinculan con la libertad de manifestación, el derecho de petición, información y asociación, pero también, cuando se expresan a través de otras formas de participación política directa, lo que todavía constituye una dimensión aspiracional.

La ciudadanía democrática es la forma de organización política de los iguales. En este escenario, el partido de los derechos es el partido de los ciudadanos. Es una expresión de la participación ciudadana, que no está adecuadamente representada en los diferentes espacios de toma de decisiones que se integran a través del voto popular. El partido de los derechos políticos representa actualmente, un reclamo de participación ciudadana en los asuntos de carácter público.

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