UNA DERECHA EN BUSCA DE FUTURO

 

 

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En medio de la crisis política que generó la pérdida de la Presidencia de la República en 2012 y por su pobre desempeño en los pasados comicios del siete de junio,  se llevó a cabo el proceso electoral para renovar a la dirigencia nacional del Partido Acción Nacional. Contendieron por un lado, el carismático Ricardo Anaya, joven heredero político del grupo dominante en ese partido, y del otro, el senador Javier Corral, un experimentado político que busca imprimir un cambio radical a la organización. Fundado en 1939 sobre los principios del humanismo social-cristiano y bajo la dirección ideológica y organizativa de Manuel Gómez Morín, el PAN fue uno de los principales partidos de oposición durante décadas. La alternancia en el gobierno federal acontecida en el año 2000, tuvo como resultado la liberalización y apertura de un sistema político que se mantuvo cerrado durante décadas. Es innegable su contribución a la ruptura del monopolio político que caracterizó a nuestro régimen en donde un solo partido ocupaba los espacios del poder, mientras que la incidencia real de la oposición era absolutamente marginal. Al igual que el resto de los integrantes de nuestro sistema partidocrático, la derecha vive momentos difíciles y soporta una dura crítica social, por su alejamiento de los ciudadanos y desorientación programática. Señalado por abandonar sus banderas ideológicas, el PAN se transformó en una organización excesivamente pragmática, que permitió el desarrollo de prácticas antidemocráticas, venta de candidaturas, trato desigual, exclusión de corrientes opositoras e imposición de candidatos. Diversos testimonios afectaron su credibilidad, al evidenciar a gobernantes y representantes populares emanados de sus filas como autoritarios y corruptos. La pérdida de la presidencia significó también un extravío del rumbo, lo que obliga a una radical transformación del partido atendiendo el significado del voto y la nueva composición de las preferencias políticas en nuestro país.

Cambiar quiere decir resolver los problemas de cohesión organizativa así como de coherencia programática, que se expresan en la confrontación existente entre tradicionalistas y modernizadores. Los primeros como herederos directos de la vieja cultura del monopolio político y de sus prácticas de exclusión, los segundos como firmes defensores de una derecha plural y democrática. Esta pugna ha debilitado a la organización, siendo los tradicionalistas quienes han impuesto sus puntos de vista. El grupo dominante ha dado por concluida la división del mundo político entre derecha e izquierda, buscando con ello legitimar alianzas electorales de todo tipo. Sin embargo, esta distinción sigue viva porque se fundamenta en dos concepciones distintas de la igualdad. La derecha elitista mantiene la opinión de que la desigualdad natural entre las personas es mayor que su igualdad, que pocas formas de desigualdad son alterables y que son socialmente funcionales. La nueva dirigencia del PAN debe reflexionar sobre su compromiso con los grandes problemas nacionales, y en primer lugar, con el de las enormes desigualdades económicas, sociales y políticas existentes. México requiere de una derecha liberal y democrática que abandone los viejos esquemas elitistas y aristocráticos, y que se comprometa decididamente en la lucha contra nuestras ancestrales desigualdades.

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