GOBIERNOS DE COALICIÓN

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El tema de los gobiernos de coalición refleja una preocupación por la gobernabilidad política en contextos de creciente polarización. Cuando se analiza el cambio del voto unificado al voto dividido se ilustra la transición de una situación caracterizada por el control, la uniformidad y la estabilidad, a otra cuya característica distintiva es la competencia, la pluralidad y el conflicto. La temática del voto dividido ha sido materia de la ciencia política desde 1832 cuando las elecciones presidenciales en los Estados Unidos crearon un gobierno dividido en donde el poder se distribuyó entre el legislativo y el ejecutivo, situación que con altas y bajas se ha prolongado hasta nuestros días. El voto dividido ha sido estudiado como un fenómeno de “realineación electoral” que expresa la fragilidad de los partidos y que ha tenido por resultado la pérdida del control unificado de las instituciones de gobierno. El momento actual se caracteriza por el crecimiento del voto diferenciado debido principalmente al eclipse de los vínculos partido-ciudadano que hace que los electores sean más influenciables por las distintas ofertas políticas. Los análisis sobre el voto dividido tienden a generar explicaciones que acentúan las intenciones más o menos conscientes de un electorado que vota inteligentemente. Sin embargo, aunque el voto dividido expresa primordialmente el desencanto de los electores hacia los partidos, los estudios disponibles evidencian, por el contrario, que la mayoría de los electores en aquellos países en donde existe un gobierno dividido prefieren a este último por sobre los gobiernos unificados. Tal división es percibida socialmente como un mecanismo de equilibrio entre poderes que refuerza los controles constitucionales del legislativo sobre el ejecutivo. La reforma que busca introducir los gobiernos de coalición en México representa oxígeno fresco para nuestra imperfecta democratización y la oportunidad para una amplia discusión sobre nuestra forma de gobierno. Se trataría de modificar los artículos 73, 76 y 89 de la Constitución, con la finalidad de acabar con la parálisis política que caracteriza al país y, al mismo tiempo, hacer posible los acuerdos entre partidos conforme a proyectos y políticas públicas compartidas. El proceso de cambio político mexicano ha producido un disfuncional sistema de partidos en donde abundan los incentivos para el conflicto y la oposición entre las fuerzas políticas.

El nuestro representa, esencialmente, un sistema de tres partidos fuertes, que en alianza con otras fuerzas políticas menores, juegan a bloquear la acción del gobierno. Con esta arquitectura política, los partidos en la oposición frenan sistemáticamente todas las propuestas legislativas del partido gobernante, produciendo un estancamiento de la vida política nacional que no permite gobiernos funcionales. Los gobiernos se forman por los partidos y recurrir al mecanismo semiparlamentario de los gobiernos de coalición se traduciría en los hechos, de acuerdo con eminentes constitucionalistas como Maurice Duverger, en una forma para compartir (que no socializar) el poder político. Alrededor del mundo las coaliciones de gobierno representan agregaciones entre partidos que se llevan a cabo cuando ninguno de ellos obtiene la mayoría absoluta en los espacios de la representación política. Por lo tanto, la hipótesis de la coalición mínima gobernante considera que los partidos tienden a maximizar los votos y a monopolizar el acceso a los cargos de gobierno. Un elemento importante se refiere al problema de si todos los partidos estarían interesados en formar un gobierno, independientemente de la posibilidad de llevar a cabo sus programas políticos o de mantener el apoyo de sus electores. Los partidos persiguen en medida variable diversos objetivos estratégicos dentro de los que destacan la búsqueda de votos y posiciones, así como el intento por concretizar ciertas políticas públicas. Estos objetivos no siempre van en la misma dirección ya que formar parte de un gobierno de coalición puede debilitar a un partido en términos electorales, y ciertamente, no garantiza en automático que determinadas políticas públicas se puedan realizar. Por otro lado, en la reflexión pública ha estado ausente el tema, empíricamente demostrado por la investigación politológica, de que los gobiernos de coalición son tendencialmente menos estables que los gobiernos de un solo partido. La mayoría de los estudios sobre las coaliciones de gobierno llaman la atención sobre la “idiosincrasia de partido” vinculada a su ideología o tradiciones políticas, lo que frecuentemente los lleva a abandonar las coaliciones de gobierno produciendo inevitablemente nuevas crisis políticas. El tema de las coaliciones de gobierno se debe analizar en profundidad porque queriendo garantizar la gobernabilidad se puede abonar a la inestabilidad política. Durante años se pensó en la necesidad de la alternancia para arribar a la democracia, hoy el verdadero cambio político se localiza principalmente en las modalidades que adopte nuestra compleja forma de convivencia política.

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