EL PARTIDO DEL PRESIDENTE

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Los partidos políticos son estructuras organizativas para la agregación de los intereses sociales y para su representación política. Considerados como los actores fundamentales de las democracias contemporáneas, las definiciones clásicas sostienen que los partidos se caracterizan por su organización formal, la participación voluntaria de sus militantes y porque su actuar se orienta a influenciar el poder y las acciones del gobierno. Los partidos tienen también, la importante tarea de garantizar un anclaje sólido entre la sociedad civil y el terreno de la democracia, a través de una obra de educación política de la sociedad que tiene efectos positivos sobre el crecimiento de los valores democráticos. Aún tenemos pendiente en México la construcción de un sistema de “democracia de partidos”, en donde estas organizaciones constituyan una auténtica proyección representativa de la sociedad civil. Es por esto que la paradoja de la crisis de credibilidad política que vivimos, está representada por el declive de los partidos tradicionales como elemento central del sistema político en su conjunto. El abandono del camino hacia una democracia de partidos, llevó al sistema mexicano hacia una partidocracia decadente, ineficiente y corrupta, determinada por la incapacidad del régimen político para renovarse en función de las transformaciones sociales que acontecen en nuestro país.

Siguiendo diferentes estrategias los partidos políticos intentan cambiar. Así, frente al retroceso sufrido en las últimas elecciones, la izquierda considera que basta con abrirse a los sectores juveniles en busca del necesario cambio generacional. Por su parte, la derecha fiel a su tradición elitista, lleva a cabo una competencia aristocrática entre el grupo hegemónico y una minoría opositora. Ambos esfuerzos renovadores fracasarán si no se desactivan las burocracias y oligarquías partidarias que los dominan. El partido del gobierno, por su parte, presenta candidatura única a la dirigencia nacional buscando agrupar a las diferentes corrientes en torno a su líder máximo, representado por el Presidente de la República. Criticando la denominada “sana distancia” entre partido y gobierno, acusada de ser la causante de la derrota presidencial en el año 2000, pareciera que se añoran los tiempos de la unanimidad perfecta. Sería una equivocación reconstruir con un nuevo discurso el viejo modelo de agrupación hegemónica, que utiliza a los partidos satélites para mantener la gobernabilidad.

El politólogo Scott Mainwaring, se refiere a la difícil combinación entre presidencialismo y multipartidismo, demostrando que escenarios de creciente fragmentación partidaria, representan una amenaza estructural a la estabilidad de las democracias. En su enfoque, el diseño presidencialista potencia sus peores rasgos cuando funciona en presencia de un sistema de partidos altamente fragmentado, pues favorece sistemáticamente la formación de gobiernos minoritarios. Resulta evidente que cualquier intento para potenciar al Ejecutivo y reducir el poder de los partidos, aumentando el de los ciudadanos, pasa a través de una seria, incisiva y bien diseñada reforma electoral. No obstante, para retomar el camino de la democracia de partidos, es necesario insistir en la estrategia de gobiernos de coalición, por lo que la nueva dirigencia del partido del presidente deberá evitar aislarse en un blindaje de poder frente a las elecciones del 2018.

Keep Calm and Study Political Science

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