GRECIA: HORA CERO

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Grandes cambios se avecinan en la sociedad internacional. La dinámica de las transformaciones es vertiginosa. El final del mundo bipolar supuso la aparición de la incertidumbre como una constante de las relaciones internacionales. Actualmente, el “espíritu de los tiempos” está marcado por el sentimiento de una continua transición económica y política. El referéndum celebrado ayer en Grecia y que convocó a ocho millones de electores, confirma este paradigma. Con una participación mayor al 60% se impuso el rechazo de los ciudadanos a las propuestas de los acreedores internacionales.

El referéndum griego fue la respuesta necesaria a los costos sociales de las políticas económicas neoliberales y representó el dilema entre un gobierno democrático y un gobierno tecnocrático, o dicho de otra forma, entre un gobierno promotor del desarrollo económico y social, incluso fuera de la Unión Europea, y un gobierno de técnicos concentrado en mantener los indicadores macroeconómicos, para manejar la compleja crisis que se desarrolló en el país que vio nacer a la democracia en el siglo quinto antes de Cristo.

La inflexibilidad de la Comisión Europea, del Banco Central y del Fondo Monetario Internacional, provocó que la crisis griega se expandiera a distintas zonas del planeta. Actualmente, los tres hombres más ricos del mundo tienen más dinero que los 48 países más pobres, en un contexto en el que el 2% de los más pudientes posee más de la mitad de la riqueza del mundo. Además, el 10% de la población con mayores ingresos controla el 85% de los activos globales y solo el 1% de la riqueza del planeta se distribuye entre los más pobres. Esta situación evidencia un problema que, más allá de su complejidad, apela a un sentido de equidad y justicia.

La salida de Grecia de la zona euro ahora es motivo de preocupación de los gobiernos del viejo continente, desde los denominados progresistas en Francia, Italia y Bélgica, hasta los conservadores en España y los Países Bajos, pero sobre todo en Alemania, donde su Canciller, Angela Merkel, ha asumido en los hechos el rol de líder no oficial de Europa. El fracaso de las negociaciones para impulsar nuevas reformas privatizadoras y de austeridad, a cambio de paquetes de ayuda y reducción de su enorme deuda externa, colocan en crisis a la Unión Europea.

En el mundo actual ninguna nación existe en aislamiento económico. Todos los aspectos relevantes de un país: sus industrias, niveles de ingreso y empleo, así como estándares de vida, se vinculan con las economías de sus socios comerciales. Esta mutua dependencia toma la forma de movimientos internacionales de productos y servicios, trabajo, empresas comerciales, fondos de inversión y tecnologías. De hecho, las políticas económicas nacionales no se pueden formular sin evaluar sus impactos en las economías de otros países. De la misma forma, a escala global la desigualdad produce desequilibrios entre recursos, derechos y oportunidades. Por esta razón, el referéndum griego reafirmó la necesidad de cambios a partir de la interdependencia entre voluntad popular y políticas de gobierno. Se puede ignorar la decisión de un gobierno, la de un pueblo no.

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